El pollo queda tierno y jugoso, acompañado por una salsa de champiñones espesa y sabrosa que combina perfectamente con arroz, papas o pan.

Ingredientes
Para el pollo y los champiñones:
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2 pechugas de pollo sin piel ni hueso
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300 g de champiñones frescos
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2 cucharadas de manteca
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½ taza de harina común
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3 cucharadas de aceite de oliva
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Sal y pimienta a gusto
Para la salsa:
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2 ½ tazas de caldo de carne
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1 cubito de caldo de pollo
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½ cucharadita de ajo en polvo
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½ cucharadita de mostaza en polvo (opcional)
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½ cucharadita de tomillo seco
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1 cucharadita de salsa de soja (opcional)
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½ taza de vino blanco seco
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3 dientes de ajo picados
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3 cucharadas de fécula de maíz (maicena)
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3 cucharadas de agua fría
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⅓ taza de crema de leche
Preparación
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Cortá las pechugas al medio si son muy gruesas y golpealas suavemente con un martillo de cocina para que queden parejas, de unos 1,5 cm de espesor.
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Salpimentá el pollo y pasalo ligeramente por harina, sacudiendo el exceso.
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Limpiá bien los champiñones y cortalos en láminas finas.
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En una sartén grande, calentá el aceite junto con una cucharada de manteca. Dorá el pollo a fuego medio-alto, unos 4 minutos por lado. Retiralo y reservá.
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En la misma sartén, agregá la otra cucharada de manteca y salteá los champiñones hasta que se doren bien. Esto puede llevar unos 4 minutos.
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Mientras tanto, mezclá en un bowl el caldo de carne con el cubito de caldo de pollo desmenuzado, la salsa de soja, el ajo en polvo, la mostaza en polvo y el tomillo.
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Agregá esa mezcla a la sartén junto con el vino blanco. Dejá que hierva un minuto y luego incorporá el ajo picado.
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Disolvé la maicena en el agua fría y añadila a la sartén, revolviendo bien hasta que la salsa espese.
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Sumá la crema de leche, mezclá y cociná uno o dos minutos más hasta que quede una salsa cremosa.
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Volvé a incorporar el pollo a la sartén, bajá el fuego y cociná todo junto entre 5 y 10 minutos para que el pollo absorba bien los sabores.
Tips y consejos:
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Si no tenés vino blanco, podés reemplazarlo por un chorrito de vinagre blanco con una cucharadita de azúcar.
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Los champiñones portobello también quedan muy bien en esta receta por su sabor más intenso.
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Podés sumar cebolla salteada junto con los champiñones para un sabor más profundo.
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La salsa también queda rica con un toque de perejil fresco picado al final.
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Acompañá este plato con arroz blanco, puré de papas o fideos anchos. También va muy bien con pan casero para mojar en la salsa.
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Si te sobran porciones, se puede conservar en heladera por 2 o 3 días, y recalentar suavemente para no secar el pollo.
Este plato es una opción sabrosa y versátil que seguramente va a encantar a toda la familia.
Preparalo con tiempo y disfrutá de una comida casera con mucho sabor.
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