Esta receta es ideal para aprovechar papas hervidas y transformarlas en algo irresistible.
Con una masa suave y un relleno derretido, estos tostados son perfectos para una cena distinta, una picada caliente o como opción para llevar al trabajo.

Ingredientes
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3 papas medianas
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2 cucharadas de manteca derretida (o aceite)
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5 cucharadas colmadas de fécula de maíz (maicena)
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1 pizca de sal
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Queso rallado o en cubos (el que prefieras)
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Aceite para freír
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Opcional: carne picada cocida u otro relleno a gusto
Preparación
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Herví las papas con cáscara en abundante agua hasta que estén bien tiernas. Escurrilas, dejalas entibiar y pelalas.
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Pisalas en un bol hasta formar un puré liso y sin grumos.
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Sumá la manteca derretida, la sal y la maicena. Mezclá con cuchara o con las manos hasta lograr una masa suave. Si queda muy húmeda, agregá un poco más de fécula.
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Tomá una porción de masa y colocala sobre una bolsa o papel film apenas aceitado. Aplastala con la mano para formar un disco fino.
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Colocá un poco de queso en el centro (podés sumar carne o lo que te guste), y cerrá con otra porción de masa o doblando el disco como una empanada. Sellá bien los bordes presionando con los dedos.
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Repetí con el resto de la masa. Si se te pega, ayudate con el film para manipularlos mejor.
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Freí los tostados en aceite caliente hasta que estén dorados de ambos lados. Sacalos con espumadera y dejalos escurrir sobre papel absorbente.
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Servilos tibios, cuando el queso del interior esté bien derretido y la corteza esté crocante.
Consejos:
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Usá un queso que se derrita bien, como mozzarella, cremoso, pategrás o fontina.
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Para una versión más liviana, cocinalos en sartén antiadherente con apenas un chorrito de aceite, dorando bien cada lado.
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También podés llevarlos al horno a 200 °C, pincelados con aceite, hasta que estén dorados y firmes.
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Se pueden rellenar con restos de pollo, verduras salteadas, jamón y queso, o incluso con un toque de provenzal.
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La masa se puede preparar con anticipación y guardar tapada en la heladera por unas horas.
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Si te sobran tostados ya formados, podés congelarlos crudos y cocinarlos directamente cuando los necesites.
Una receta fácil, práctica y deliciosa para disfrutar en cualquier momento.
¡Y lo mejor de todo es ese centro cremoso que se derrite con cada bocado!
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