
Ingredientes
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600 ml de leche
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3 cucharadas de azúcar
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3 cucharadas de maicena
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8 g de azúcar de vainilla o unas gotas de esencia de vainilla
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300 ml de crema de leche batida con azúcar
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320 g de vainillas blandas (o unas parecidas, que sean algo blandas al morder)
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Leche para remojar las vainillas
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Chocolate negro rallado para cubrir
Preparación
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En una cacerola, colocá la leche junto con el azúcar, la maicena y la vainilla. Cociná a fuego medio sin dejar de revolver hasta que espese y tome una consistencia cremosa. Retirá del fuego y dejá enfriar un poco.
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Batí la crema de leche con azúcar hasta que quede bien montada. Incorporala a la crema de vainilla ya fría, mezclando suavemente para obtener una crema aireada y uniforme.
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En una fuente de 27×18 cm, colocá una capa de vainillas previamente humedecidas en leche. No las dejes demasiado tiempo para que no se desarmen.
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Cubrí con una capa de la crema preparada y repetí el proceso, alternando galletitas y crema hasta completar el molde.
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Alisá bien la superficie y espolvoreá con chocolate negro rallado por encima.
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Llevá a la heladera al menos 4 horas, o mejor de un día para el otro, para que tome cuerpo y se intensifiquen los sabores.
Consejos:
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Si preferís, podés reemplazar las vainillas por pionono o bizcochuelo cortado en tiras.
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Para un sabor más intenso, agregá un chorrito de licor de café o de almendras a la leche en la que mojás las vainillas.
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Usá chocolate semiamargo para equilibrar el dulzor de la crema.
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Si querés un toque extra de frescura, intercalá algunas frutas en rodajas finas, como bananas o frutillas.
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Servilo bien frío, cortado en porciones cuadradas o en copas individuales.
Un postre fresco, rendidor y muy fácil de hacer, que se transforma en la opción ideal para los días calurosos o cuando no querés prender el horno.
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