Con el paso del tiempo, las ollas, cazuelas y sartenes suelen acumular grasa endurecida, restos de comida quemada y una capa de suciedad que parece imposible de quitar. Raspar estas superficies no solo es agotador, sino que muchas veces no logra los resultados deseados.
En mi caso, tengo un pequeño caldero antiguo, de los que heredamos de épocas pasadas. Lo usamos en la casa de campo, pero como allí no siempre hay agua caliente disponible, limpiarlo a fondo era una tarea complicada. Después de una temporada de uso, tanto la olla como su tapa quedaron cubiertas de grasa y hollín.
Decidí llevarla a casa y probar un método sencillo inspirado en consejos tradicionales. Para mi sorpresa, en apenas media hora logré que quedara casi como nueva. Aquí comparto el procedimiento para que puedas hacerlo también.
Ingredientes necesarios
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200 g de bicarbonato de sodio
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50 g de polvo de mostaza
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50 g de jabón para ropa (preferentemente en barra, rallado)
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5 litros de agua
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1 olla grande
Paso a paso para limpiar la olla
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Preparar el agua: Coloca 5 litros de agua en una olla grande y ponla al fuego. Mientras se calienta, ralla el jabón en barra. Si usas jabón líquido también funcionará, pero el sólido suele ser más eficaz.
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Agregar los ingredientes: Cuando el agua esté bien caliente y casi a punto de hervir, incorpora el bicarbonato, el polvo de mostaza y el jabón rallado. La mezcla empezará a hacer espuma y reaccionar. Remueve con una cuchara de mango largo.
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Hervir la tapa u otras piezas: Introduce la tapa de la olla (o la pieza más sucia) y deja hervir a fuego medio durante unos 20 minutos.
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Comprobar la limpieza: Pasado ese tiempo, gran parte de la grasa se habrá desprendido. Si aún queda suciedad en algunos puntos, hierve la pieza por 10 minutos más.
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Tiempo máximo: No superes los 30-35 minutos de hervor en total, ya que no es necesario y podría dañar el material.
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Enjuague final: Retira la tapa con pinzas de cocina y enjuágala bajo agua caliente. La grasa y el hollín desaparecerán casi por completo.
Consejos adicionales
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Si quedan restos en los bordes, frota suavemente con un cepillo plástico o metálico.
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Para piezas más grandes que no entren en tu olla, usa un recipiente de mayor tamaño, incluso uno de metal del garaje o patio.
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Este método es ideal para ollas y cazuelas de hierro o acero, pero no se recomienda en recipientes con recubrimientos antiadherentes.
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Mantén la campana extractora encendida durante el hervor, ya que el olor del jabón puede impregnar la cocina.
Con ingredientes simples y en apenas media hora, es posible devolverle a las ollas antiguas su brillo original y librarlas de la grasa más difícil. Una técnica práctica, económica y efectiva que merece la pena probar.
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